Stress Mother Running Late with Kids in CityEstoy convencida que “Mentalidad mata Técnica”.

Lo repito con frecuencia en mi cuenta de Twitter @padrescons que, por cierto, te invito seguir para que sigamos la conversa por esa vía.

Con “Mentalidad mata Técnica” quiero decir que aplicar aisladamente técnicas extraídas de maestros, libros o la vecina a quien el “truco” siempre le funciona con sus hijos… puede no tener mayor impacto en tu rol como padre, o tenerlo por poco tiempo.

¿Por qué?

Porque es la mentalidad y la energía desde la que se aplica la técnica, lo que genera realmente la transformación que buscamos.

Peeeero, no por ello, las técnicas no tienen valor.

Por lo general el contenido de mis posts está orientado apoyarte a desarrollar a la mentalidad y filosofía de Padres Conscientes que invito a desarrollar, basada en la Auto-maestría de la que hablo en mi Manifiesto Amar a Nuestros Hijos No Es Suficiente.

Y al final de todos mis artículos dejo siempre un ejercicio aplicable para experimentar en la práctica el principio que comparto en cada uno de ellos. Pero hoy haré algo un poco distinto.

Hoy comparto 1 técnica.

Es una técnica sencilla que me ha ayudado —a mí y a mis clientes de coaching para padres— a fluir en la cotidianidad con sus hijos, al evitar el famoso y tradicional caos matutino, a la hora de llevarles al colegio.

Así que aquí voy:

Cómo evitar los dramas matutinos a la hora de salir de casa para ir al colegio:

Esta técnica la vengo utilizando desde que mi hijo tiene 7 años (ahora tiene 10 y medio), pero la mentalidad aplica (modificando los detalles) a cualquier edad y a otras circunstancias.

IMPORTANTE:
Ésta, como cualquier técnica, se aplica desde el amor y la consciencia de reconocer a nuestros hijos como individuos dignos de respeto, en crecimiento y en una etapa puntual de su natural desarrollo evolutivo, y no… como soldados en entrenamiento.

Parece una aclaratoria ingenua y se dice tan rápido que a veces se pasa por alto… pero nos sorprenderíamos de la radicalidad y ceguera de algunos padres…

La mentalidad:

Definir responsabilidades. Establecer acuerdos. Acordar consecuencias.

En el caso para el que aplico la técnica: “Llegar temprano al colegio”, el foco está en aclarar que si bien los responsables de llevarlo al colegio somos mi esposo y yo, él es el responsable de llegar a tiempo.

Irles introduciendo a los niños —de a poco— la noción de responsabilidad de una forma ligera y relacionada a él y no a nuestros caprichos (“Ahora eres responsable de lavar tu ropa porque a mí me da fastidio o tengo mucho que hacer”, por ejemplo), les genera sentido de significancia, pertenencia y relevancia en el círculo familiar.

Esto también les va dando, aunque ellos no lo entiendan cognitivamente, referencia de su impacto en el mundo más allá de ellos mismos, y el poder que tienen sus acciones y omisiones.

En el caso de mi hijo, para llegar a tiempo al colegio hay ciertas circunstancias que él tiene que asegurarse que ocurran:

a. Ajustar su reloj despertador en la noche, para despertarse a tiempo al día siguiente.

b. Usar el tiempo adecuadamente en la mañana al levantarse para hacer todo lo que tiene que hacer, según una lista de chequeo, antes de salir al colegio (al final de este artículo comparto la lista).

c. Avisarnos al menos 5 minutos antes de la hora acordada de salida, para que nosotros estemos listos (pijama off) y calentemos el carro.

d. Estar listo en el carro a una hora prefijada.

Puede sonar “como mucho”, pero en realidad son detalles muy sencillos en la práctica. La verdad es que si hiciéramos una lista de todos los pasos que hay que dar para lavarnos los dientes o bañarnos… ¡Nos parecería larguíííííísima! ;-)

¿Qué sucede si esas circunstancias no suceden?

Pues que como todo en la vida, hay una consecuencia.

Y no hablo de consecuencias como algo inherentemente negativo. Sino sólo como algo que ocurre “después de”.

En nuestro caso, si él no cumple lo acordado (ya voy a cómo se estableció el acuerdo) entonces en lugar de dejarlo en la puerta del colegio, lo dejamos en la esquina, desde donde tiene que caminar un poco más. (también mencionaré los parámetros para escoger la consecuencia).

Y, una vez allí, si llega tarde, él tendrá que ir sólo a la recepción del colegio y pedir un pase para poder entrar, ya que la puerta del colegio cierra a una hora determinada.

Nosotros lo esperaremos afuera de la recepción mientras lo hace, pero él será responsable de presentarse y explicar el por qué de su llegada tarde.

Nada graaaaave. Pero si no cumple con su parte, sucederá algo que él prefiere que sea distinto. Porque él prefiere que lo llevemos a la puerta del colegio, a quedarse en la esquina. Y prefiere no tener que pasar por el proceso de pedir el pase.

En otras palabras…

Para vivir la circunstancia como quiere vivirla, él prefiere y escoge adueñarse de su proceso.

Un detalle MUY importante es que las consecuencias no son castigos. Son simplemente resultados distintos a otros que pudieran darse.

Tu caso puede ser diferente, puede que sea inviable algo como lo que expongo, pero te invito a explorar la mentalidad detrás de este ejemplo, para que puedas adaptar la técnica acorde a tu circunstancia particular.

Entonces, ya tenemos:

  • La base de la mentalidad.

  • Las circunstancias que tienen que darse para que una consecuencia no preferida no ocurra.

  • La consecuencia que ocurrirá en caso de no cumplirse las circunstancias.

Vamos con el acuerdo de la consecuencia y los parámetros para escoger la consecuencia.

Fue un acuerdo y no una imposición. Esto quiere decir que hubo consenso. Conversamos y Negociamos. Y de hecho en nuestro caso, fue mi hijo quien propuso la consecuencia básica, que fuimos ajustando.

Así mismo, entre todos fuimos delinenando los pasos previos que tenían que darse para salir a tiempo. A los niños no se les hace tan evidente que necesito X minutos para comer, otros tantos para lavarme los dientes, etc. Para ellos, cada hecho es un hecho aislado y no interconectado.

De esa forma, fue que llegamos a la lista de pasos previos de los que él es responsable y que describí anteriormente.

Los parámetros que nosotros —como los adultos— delineamos para escoger la consecuencia, fueron:

  • Que todos en el grupo familiar, estuviéramos de acuerdo.

  • Que no tuviera sentido de castigo.

  • Que tuviera relación con el hecho.

En este caso, relacionada al colegio y no, por ejemplo, “Si no estás listo a tiempo para ir al colegio, entonces no juegas en la computadora, o tienes que hacer planas”, o cualquier de esas loqueteras sin relación alguna con la circunstancia.

  • Que fuera sostenible.

Todos nos comprometimos a mantener la consecuencia, y a hacer excepciones… sólo excepcionalmente. Especialmente mi esposo y yo teníamos que comprometernos a no caer en la tentación de tratarle como si él “no pudiera” y no fuera “lo suficientemente capaz”, recordándole a cada instante la hora si se distraía a la hora del desayuno… prendiéndole la alarma del reloj si notábamos que se le había olvidado en la noche… despertándole en la mañana si se volvía a quedar dormido… y cosas por el estilo, que son las que suelen hacer los padres y caer en ser policías de sus hijos.

  • Que lo apoyaríamos al principio de la aplicación del acuerdo.

Durante las primeras semanas, e incluso al regreso de vacaciones cuando el acuerdo se suspende por razones obvias, flexibilizábamos los detalles y jugábamos a recordarle tangencialmente algunos detalles, para ayudarle en su adueñamiento del proceso. A veces sí hicimos algún ruido para que se despertara si se había quedado dormido, o dejábamos el reloj cerca para que notara la hora, si veíamos que se estaba retrasando. Pero no hacíamos evidente que lo estábamos “ayudando”.

No se trata de establecer un acuerdo militarmente. Porque realmente… no se trata del acuerdo en sí mismo, ni del objetivo físico que se quiere lograr… sino de ir apoyando a nuestros hijos a desarrollar una mentalidad de adueñamiento y responsabilidad por sus actos.

Bien, creo haber cubierto tanto el fondo como la forma, y haberte dado los lineamientos que te permitan adaptar esta “técnica” a tus circunstancias particulares, para así evitar los dramas matutinos a la hora de ir al colegio, o cualquier otra experiencia.

En la medida que vamos limpiando de dramas nuestra cotidianidad con nuestros hijos, la dinámica fluye y se hace el espacio para lo realmente importante, más allá del corre-corre diario.

Se abre el espacio para el aprendizaje y la expansión, el disfrute y la conexión. Se abre el espacio… para el amor.

Finalmente, sobre la lista de chequeo.

Las listas de chequeo (checklists) son estupendas para apoyarNOS y apoyar a nuestros hijos a recordar rutinas, mientras se instala un hábito.

Con nuestros hijos, además, sirven para delegar en un tercero el “policeo” y así no ser nosotros quien persiga o recuerde lo que hay que hacer.

La lista matutina de mi hijo incluye:

  • Hacer la cama.

  • Doblar la piyama y guardarla en su sitio.

  • Lavarse los dientes después de desayunar.

  • Peinarse.

  • Echarse protector solar antes de salir.

  • ¡Conectarse a la buena vibra!

Hoy por hoy, ya lo hace en automático pero durante algún tiempo fue una nueva rutina, y esta lista lo ayudó tremendamente. La colocamos en la puerta de su closet y en lugar de decirle: “¿Hiciste tu cama?” “¿Te lavaste los dientes?”, le preguntábamos: “¿Ya está todo listo en tu checlikst?”

De esa forma, él mismo tenía que ir, revisarla y asegurarse, sin que nosotros lo policeáramos.

Esta sub-técnica de las listas de chequeo, disminuye mucho los roces entre padres e hijos, y les da a los niños un sentido de adueñamiento que les permite ir a su ritmo sin sentirse presionados.

Termino donde empecé:

Estoy convencida que “Mentalidad mata Técnica” ;-) Tenlo presente.

Cuéntame, ¿has aplicado alguna técnica que no te haya servido? ¿Me dejas tu comentario para saber qué ideas te disparó este artículo? Procuro siempre responder ;-)

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P.D. Tal vez después de éste post, te sirva leer este otro: “Tus hijos creen que eres policía? Cómo dejar de ser una mamá o papá policía”.